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Home Artículos de opinión

¿Qué podemos esperar del sueño de los monstruos?

Gonzalo Moyano

gonzalo by gonzalo
24 octubre, 2025
in Artículos de opinión, Investigaciones Bioética, Rescatando de la historia
1
¿Qué podemos esperar del sueño de los monstruos?
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¿Qué podemos esperar del sueño de los monstruos?

“Mi sueño es producir medicamentos
para las personas sanas” Henry Gadsden, circa 1980
Ex director de la compañía farmacéutica Merck

“El sueño de la razón produce monstruos”
Aguafuerte de Fernando de Goya

Desde que la medicina se transformó en “moderna”, y sigue los derroteros de la
formación social dominante (es decir, el capitalismo), hay un enorme interés económico,
político y social, relacionado con el uso de medicamentos. Los problemas de salud (su
abatimiento, pero también lo que tiene que ver con la promoción, la prevención, la
recuperación y el tratamiento de las secuelas de los problemas sufridos, para enumerar
solo los aspectos más claros y más tradicionales) están atravesados por su uso, y no
siempre (y diríamos que cada vez algo menos) esto tiene como resultado una situación
mejor que antes de utilizarlos.
La introducción de la farmacología moderna produjo un cambio. dramático respecto a lo
que ocurriría hace casi un siglo. Desde 1940 es adelante, comenzaron –a un ritmo
primero creciente y luego vertiginoso- a introducirse diferentes tipos de antibióticos,
fármacos para trastornos cardiovasculares, digestivos, neurológicos, psiquiátricos,
respiratorios, neoplásicos, cutáneos, hormonales, y para tratamientos sintomáticos como
analgésicos, antiinflamatorios, antihistamínicos (antialérgicos). No siempre (y
posiblemente cada en menor medida) tampoco estos trastornos, problemas, infecciones
o lo que fuera, merecen ser tratados, muchas veces puede hacerse sin la utilización de
este tipo de medicamentos, y debería siempre realizarse un balance entre el costo (y con
ello no nos referimos solo adecuado al valor de venta de ellos) y el beneficio esperable al
ser utilizado. A desde esta etapa que situamos probablemente a partir del segundo
En el tercio del siglo pasado, estos fármacos pueden alterar profundamente mecanismos
fisiológicos y fisiopatológicos, muchas veces mejorar síntomas, y modificar –
favorablemente, aunque no siempre sea así- el curso de los trastornos aludidos.
Era probablemente inevitable que, en el contexto aludido de la llamada “medicina
moderna”, “occidental”, “alopática”, “biológica”, como se la ha dado en llamar (acepciones
que no son precisamente sinonímicas, aunque suela usárselas de ese modo), y que es

cada vez más mercantilista, los medicamentos eran adquiriendo cada vez más la
propiedad de establecerse como –en parte- una mercancía, además de un bien social.
Pero ha ocurrido que ese proceso se ha acelerado, o más bien ha cambiado de carácter.
Si es cierto que la medicina viene intensificando su índole mercantil, el giro producido en
el área de los medicamentos no solo es mucho más profundo, y no solo deja poco
margen fuera de la propiedad de la mercancía de los fármacos, sino que la práctica del
mercado de los medicamentos se ha transformado de un modo dramático y ha
desarrollado una influencia sobre el resto de las prácticas médicas que no tiene
antecedentes, condicionándola en niveles no previstos, y desbordándola en ese proceso
a la sociedad en su conjunto. Es decir, no solo “la medicina” se ha subsumido al mercado
de los medicamentos, sino que la sociedad se ha medicalizado (y medicamentalizado) a
niveles inimaginables hace pocas décadas.
¿Cómo empezó este giro?
Como comentamos más arriba, los primeros cambios se produjeron por la cuarta década
del siglo XX, cuando los medicamentos comenzaron a ser más efectivos en algunos de
sus efectos. En poco tiempo creció bastante la inversión en ellos, estableciéndose el
mercado de EEUU como el más poderoso. Con una evolución levemente ascendente se
mantuvieron así las cosas hasta que en 1980 comenzaron a cambiar en forma mucho
más violenta.
En pocos años se multiplicó la “inversión” de las farmacéuticas, cuando se comprendió
que el medicamento debería dejar de ser un bien social con multas de recuperación de la
salud y su protección, y transformarse en pura mercancía…cambiando su carácter y
pudiendo cumplir el sueño de Gadsden: al ser pura mercancía se trata de venderla, y de
producir en el comprador la necesidad de adquirirla. El tema de ser un auxiliar para
resolver problemas de salud pasó a ser irrelevante.
En 2004 ya había transcurrido más de una década desde el giro del negocio de los
medicamentos, al amparo no solo de las decisiones empresas de la llamada Big Pharma
(la gran industria farmacéutica) sino de las políticas gubernamentales alejadas de Ronald
Reagan que favorecieron justamente que las farmacéuticas pudieran contener y darle
forma comercial a las investigaciones que se realizaban en ámbitos estatales. Para eso
debía profundizarse la connivencia de las empresas con la agencia de control de
medicamentos de EEUU, la Food & Drugs Administration (FDA) que hasta ese momento
no tenía un nivel de corrupción tan evidente. Ese año, 2004, el proceso de la
consolidación era suficientemente sólida como para que se produjera una escandalosa
“ruptura de códigos”: Marcia Angell, que había sido editora durante más de una década
de una de las más prestigiosas publicaciones médicas dedicadas a la investigación, el
New England Journal of Medicine, decide romperlos y publica el texto “La verdad sobre la
Industria Farmacéutica: cómo nos engaña y qué hacer al respecto. Allí se resume el
estado de la cuestión a esas alturas y se demuestran falsedades y mitos, construidos de
antaño y recientes. Entre ellos, que la investigación que llega a producir un medicamento
es muy onerosa, que la pobre Industria de los medicamentos está siempre al borde de
perder dinero, que las investigaciones son siempre serias y responsables, que el principal
interés es el bien público, etc.
No solo nada de eso es cierto, sino que pasó a ser escandalosamente falso.
Un par de ejemplos:
1) Un medicamento estaba siendo investigado para una afección muy poco común: la
hipertensión pulmonar (así como existe la hipertensión arterial sistémica, conocida por
todos, en general conocida simplemente como hipertensión, hay una forma análoga pero
referida al circuito circulatorio pulmonar). La existencia de un fenómeno inesperado en
población masculina de cierta edad, que estando internada y en una cama sorprendió al
personal de enfermería, que detectó una capacidad que se encontraba dormida hasta

antes de Ingerir el medicamento. La droga investigada se llama sidenafil (conocida por su
nombre comercial, Viagra TM), y su precio se disparó (igual que su efecto) al establecerse
con firmeza (sic) que iba a convencer a una buena parte de las personas masculinas de
más de 65 años, que ese medicamento le era necesario. De una fracción de mercado de
un puñado de personas con una enfermedad rara, pasó a pensarse un uso inmediato en
un sector de cierta importancia de los hombres que tuvieran un tipo de impotencia sexual,
y potencialmente quizá en toda la población masculina mayor de la edad mencionada, y
luego ya se utiliza en personas más jóvenes, y tal vez no solo hombres. Un negocio
inimaginable poco antes de ser descubierto.

2) Existe una muy rara afección que consiste en movimientos involuntarios del párpado,
llamado blefarospasmo. La investigación llevó a indagar diferentes drogas hasta que se
llegó a ensayar el uso de la toxina botulínica (Botox TM). Esa utilización derivó en su
aplicación con fines cosméticos, lo cual ensanchó de un modo dramático a la
población que pasaron a ser usuarios/as.
En ambos casos el valor de comercialización de estos medicamentos se había
establecido en relación con el mercado para el que estaba diseñado, y la multiplicación
de la escala de producción generó el efecto contrario al que se hubiera esperado.
Los ejemplos de medicamentos pensados para afecciones poco frecuentes y
“descubiertas” para otros usos son infinitosi

. Al punto que se ha creado una categoría,
Traficante de enfermedades (algo así como promotores o traficantes de enfermedadesii
,
lo he designado como “morbotraficantes”) para la práctica de crear o exagerar males para
los cuales se ha creado un tratamiento. Síndrome de piernas inquietas, fobia social,
acidez frecuente, son algunas de las afecciones que han sido creados luego de
determinar que existía algún medicamento al que se le podía asignar un medicamento
que o bien no se utilizaba, o la escala de su venta estaba “desaprovechada”. Un caso
particular ha sido la creación de la llamada osteoporosis, que se vinculó menos al uso de
un medicamento como de una práctica diagnóstica (el centelleograma óseo), pero luego
se encontró que existía un grupo de medicamentos llamados alendronatos que eran
usados para una rara afección, llamada Enfermedad de Paget, que produce huesos de
mayor tamaño, pero de peor “calidad” ya que la persona que sufre este problema tiene
una incapacidad para fijar el calcio en ellos. Entonces se desarrolló que una situación
absolutamente fisiológica que es el cambio de la cantidad normal de calcio en los huesos
normales con el paso de años normales, merecía que esos medicamentos para una
afección muy rara, se ampliará para más o menos cualquier mujer que entrara en la
menopausia, y lo utilizara de allí en más, el resto de su vida. Quizás podría decirse que
“por suerte” apareció (nuevamente) efectos colaterales de los alendronatos, que primero
obligaron a disminuir la dosis (al principio era una dosis diaria, y luego se fue
recomendando un uso semanal y hasta quincenal) y ahora están pasando al desuso.
Estos efectos fueron desde la conjuntivitis, alteraciones renales, gastrointestinales,
aumento del colesterol, decaimiento, disminución del calcio en sangre (que puede traer
calambres, alteraciones musculares y arritmias).
El año 2012 el mercado farmacéutico mundial triplicó la cifra que “denunciaba” Angell
unos ocho años antes: pasó de 350 mil millones de dólares a 950 mil millones, y esto
ocurre en medio de una crisis mundial. La mitad de esa masa de dinero se realiza en
EEUU (y Canadá, pero allí es casi insignificante). Un 30% en Europa, un 10% en
Japón. El resto del mundo utiliza un 10% del dinero que el mercado de medicamentos.

Los efectos de esta distribución no son menores y son complejos. La determinación de
la mitad del monstruoso mercado de medicamentos por un país, y un país como
EEUU, produce el efecto inmediato de formatizar ese mercado, que se establece por
parte de los medicamentos que compran los estadounidenses. Señalaremos dos de
las consecuencias que nos parecen más relevantes de esta situación:
• Con las mediaciones que puedan suponerse, esto hace que respondan a las
necesidades de salud (la epidemiología local, digamos) que puedan
establecerse allí. En EEUU la gente se enferma y se muere,
mayoritariamente, por problemas diferentes a los de nuestro Sur y/u otras
regiones. El peso de un 50% en la determinación de las inversiones que se
harán, produce un efecto sobre el interés de investigar unos problemas en
detrimento de otros. De este modo, hay patologías que no son atendidas,
porque pertenecen a la “epidemiología” de países pobres o empobrecidos, o que
su población empobrecida no interesa porque su participación en el mercado es
insignificante. Poco menos del 10% de la población que vive en Argentina padece
del Mal de Chagas. La medicación para su tratamiento tiene una antigüedad mayor
a medio siglo, con efectos colaterales e indeseables, y problemas para su
producción. No hay expectativas para que la industria se ocupe de ello.
• Las regulaciones respecto de todo lo que deviene de esta situación, se
derraman en el mundo, o mejor dicho: condicionan normas que empeoran
rumbo al sur. Así, la FDA regula la autorización del uso de medicamentos, y
el nivel de corrupción que presenta su directorio ha crecido (y no
casualmente) al ritmo de la expansión del negocio de las empresas que debe
regulariii], pero produce efectos de tipo colonial “aguas abajo”, dado que, por
ejemplo en Argentina, es suficiente que un medicamento haya sido
autorizado en la FDA para que lo haga nuestro ANMAT, creado a la imagen
y semejanza de la agencia de la Madre Patria. Pero no existe mecanismo
para “desaprobar” las autorizaciones automáticas que haya realizado la FDA,
si ésta la revoca. Así, no solo es que copiamos acríticamente las
“necesidades” de EEUU en el uso de medicamentos, sino que ese efecto se
–incluso- pervierte al repetirse en escenarios no solo corruptos sino
dependientes y serviles. Lo que conduce incluso no solo al uso de
medicamentos, sino a la investigación sobre ellos, que se realiza con
nuestros cuerpos y el de nuestros hijos e hijas.

iv El caso del oseltamivir es
solo un ejemplo, ya que además se utilizó la población argentina para
“probarlo”v (y el escándalo tiene dimensiones mundiales, pero se ha
acallado)vi, pero existen un número creciente de “protocolos” sin control.

Pero si se suponía que con esto estábamos en problemas… la mala noticia es que la
situación es peor: del total del dinero que se utiliza para los medicamentos, solo el 20%
se destina a la Investigación y Desarrollo (I + D): el 50% se dedica a marketing (que
incluye dádivas, lobby, etc.), por lo cual queda claro el carácter de mercancía descripto
más arriba, incluyendo que parte de esto se dedica a la publicidad directa para el
“usuario”, y una fracción de ello es no solo para la producción de “piezas” publicitarias,
sino el dinero que se requiere para convencer funcionarios. El capítulo de publicidad
engañosa que utiliza la Industria es de los más preocupantes, y se está viendo
aplicaciones de esa estrategia dedicada a complementos alimentarios que se diferencian
cada vez menos de los medicamentos.

Pero nuevamente, hay noticias aún peores. De ese 20% dedicado I + D, solo la cuarta
parte (un 5% del total) se aplica a medicamentos llamados (verdaderamente)
innovadores. El resto se usa para los llamados “me too”…es decir, medicamentos que
cumplen una función muy similar, si no idéntica, a otros anteriores que sí fueron, quizá,
innovadores. Los ejemplos abundan, claro… el medicamento omeprazol, que bloquea la
producción de ácido clorhídrico en el estómago (y se usa centralmente para gastritis
crónica y úlceras gástricas) ha sido sucedido por esomeprazol, lanzoprazol,
pantroprazol… todos similares al innovador, pero cuya síntesis no requirió mayores
esfuerzos. Y sin embargo logra ser instalado en el mercado como portador de una
“novedad” similar al primero, renueva la patente, y se impone en el mercado, sin
demasiados riesgos. Con mucho menos inversión se realizan ganancias extraordinarias,
por lo cual la Industria deja de tener interés en productos innovadores.
La gravedad de esta situación ha hecho nacer una nueva categoría de “prevención”,
llamada cuaternaria, enfocada en tratar de evitar, entre otras cuestiones, como prácticas
médicas que no poseen probada eficacia, pero sí riesgos, o el uso abusivo de
tecnologías, las consecuencias del uso inadecuado de medicamentos, que ha llevado a
EEUU a establecer a ésta como la cuarta causa de muerte en ese país.

¿Hay una salida?
Se sabe que la Industria Farmacéutica comparte el podio de los mayores negocios con el
narcotráfico, la industria bélica, y probablemente la trata de personas, en términos de
cantidad de dinero que manejan en el nivel mundial. No estamos seguros de cual de
estas prácticas son más cuestionables.
En próximas entregas –además de ofrecer algunos análisis de lo que pasa en Argentina
con la salud y la enfermedad- demostraremos que experimentos el caso real sobre el que
se basó la novela “El Jardinero Fiel”, o lo que ocurrió en EEUU con el experimento en
Tuskegee, ejemplos que nos habilitan a por lo menos tener esas dudas. Y como un
anticipo, diremos que no es casualidad que luego del juicio a los Jerarcas nazis, en
Nüremberg, se produjo allí mismo el “juicio contra los médicos”, allí mismo. Y no poco de
lo que la medicina “sabe” sobre los límites de la fisiología, se debe a experimentos
realizados allí. (7)
Si está claro que los problemas que ya existían con los medicamentos Desde su
comienzo, se hicieron críticos y se desarrollaron a un punto. desastroso a partir de su
transformación en pura mercancía, podemos establecer que cualquier salida de esta
situación debería incluir la desmercantilización de los medicamentos, transformarlos en
un bien social (al igual que la salud), e independizar la investigación del negocio
farmacéutico, utilizando las herramientas de la Epidemiología Comunitaria, por ejemplo, y
transformar la práctica por vía de la Prevención Cuaternaria.
Si el sueño de los monstruos es convertirnos en los consumidores acríticos e indolentes
de los medicamentos mercancía (y “comprar” todo el paquete, incluyendo el proceso de
investigación y producción) del mismo modo que compramos celulares con las
aplicaciones que el mercado determina que necesitamos, la salida es que despertamos.
Su sueño no es el nuestro.

Gonzalo Moyano
Médico Generalista, Epidemiólogo, Especialista en Bioética.
Docente e investigador de la Cátedra Libre de Salud y Derechos
Humanos, Facultad de Medicina
Miembro de ALAMES y del Colectivo Sanitario Andrés Carrasco.
Coordinador de la Red de Medicamentos de ALAMES

i Caso Vioxx (Rofecoxib): es un antiinflamatorio que estaba destinado a un sector de la
población, pero al demostrarse que era muy rentable se expandió su uso a la “población
general”, multiplicando las utilidades pero exponiendo entonces un creciente número de
complicaciones o efectos adversos (incluidos infartos cardíacos, intestinales, hemorragias
diversas –hasta cerebrovasculares- llegando hasta un número importante de muertes, lo
que derivó en una gran cantidad de demandas judiciales y uno lo de los arreglos
extrajudiciales más caros de la historia de EEUU. Esta historia tuvo un comienzo cuando
un investigador independiente (el catalán Joan Ramon Laporte) publicado en septiembre
de 2002 estudios que alertaban sobre estos inconvenientes encontrados en el uso del
Rofecoxib. El laboratorio Merck (productor de Vioxx) le hizo un juicio a Laporte, el cual
perdió, pero se supo con posterioridad que cuando lo estaba entablando ya sabía que la
investigación publicada reflejaba la verdad respecto del fármaco. El laboratorio prefirió no
solo ocultar los datos sino iniciar acciones legales contra Laporte, sabiendo que era
probable que perdiera el juicio (cosa que ocurrió dos años después), dado que en ínterin
su producto seguía recaudando millones. Se calcula que el total de indemnizaciones que
terminaron pagando representa un porcentaje menor respecto del dinero que obtuvo con
su venta masiva.
ii Una periodista especializada, Lynn Payer, acuñó la expresión en 1992, definiéndolo
como “tratar de convencer a la gente que está esencialmente bien, de que está enferma,
ya gente que está algo enferma de que está muy enferma.
iii Muchos directivos de la FDA pasan luego a la Industria, y viceversa, además de la
cantidad de ejecutivos de esas empresas son o fueron parte de la “administración”
Reagan y luego de Bush… el ejemplo más representativo quizás sea Donald Rumsfeld,
que fue jefe de Gabinete y luego Secretario de Defensa de Gerald Ford, pasó a ser
miembro del directorio de Gilead (luego adquirido por Pfizer) y luego pasó a ser
Secretario de Defensa de Bush (2001 -2006). No poco tuvo que ver esa función en la
utilización del miedo respecto de la llamada Gripe Aviar, que entró en escena en 2004, y
desarrolló la imperiosa necesidad de promover un medicamento llamado oseltamivir, más
conocido por su nombre artístico: Tamiflú. Argentina se “pertrechó” de esa droga dos
veces inútil (por su efecto y por prevenirse de algo que no iba a ocurrir) pero logró
“colocarlo” cuando la Gripe Aviar fue sustituida por la Gripe Porcina (luego denominada
con más glamour “Gripe A”, nuestro amigo Jaime Breilh proponía que la llamáramos
“porcícola” debido a su desarrollo histórico-económico a caballo de la producción
industrial de aves y cerdos). La patente de la era oseltamivir de Gilead/Pfizer. iv Para más datos sobre investigaciones en los países dependientes, véase: Homedes,
Núria, y Ugalde, Antonio. Ética y ensayos clínicos en América Latina. Editorial Lugar.
Buenos Aires, 2012.
v Vease(Denuncia de Cicop: “Que paren los experimentos y la manipulación de datos”

vi Vease(Medicina y holocausto)

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    1 año ago

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